Itinerario Las mujeres y el poder en el Museo del Prado

Junto a las esculturas citadas, el Pedestal de Avita Avia (nº de inv. 20222) y el Ara de Valeria Avita (nº de inv. 16.514) son ejemplos exquisitos de las diferentes formas -según la capacidad, deseo o autorizaciones- de dejar esa memoria escrita de sí y de la razón del reconocimiento hacia las mujeres.

Estas iniciativas debieron estar asociadas a mujeres que consiguieron la libre disposición y gestión de sus bienes por alguna de las vías que abría la normativa imperial, esencialmente a través de su condición de viudas.

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El itinerario se desarrolla en la planta baja y planta primera. En la planta baja (salas 52C, 49, 55ª y 56) encontramos pinturas del siglo XVI muy relacionadas con la maternidad y el trabajo compartido, así como la obra de Sofonisba Anguisola; en la primera planta (salas 10, 15a, 16b, 36 y 94) encontramos una obra de Clara Peeters; Velázquez y Goya nos conducen por trabajos y biografías femeninas de los siglos XVII y XVIII. De nuevo en la planta baja, los retratos de Carolina Coronado y María Guerrero (63a) acercan a las mujeres en los siglos XIX y XX.

Las mujeres siempre han trabajado  junto a sus compañeros varones, ya sea compartiendo o distribuyendo tareas, aunque las leyes hayan puesto límites a su formación, su ejercicio profesional y sus derechos. Sin embargo, la histórica voluntad de asociarlas al llamado ámbito doméstico  y la identificación del concepto  trabajo con la percepción de un salario que caracteriza a las sociedades industriales, han provocado un efecto perverso en la memoria histórica: se ha  ocultado la creación y el protagonismo social de las mujeres  en la producción, transformación  y distribución de bienes y servicios, quitándoles  protagonismo social en la configuración y evolución de las sociedades, al tiempo que se han  infravalorado los trabajos y saberes considerados “propios de mujeres”.

El itinerario pretende sacar a la luz los trabajos compartidos y específicos de las mujeres y poner de relieve su  valor social y cultura, así como  destacar a algunas individualidades que, por su especial contribución  a un campo de actividad laboral, merecen que su nombre permanezca no solo en la genealogía femenina sino  en  la memoria colectiva  de los pueblos.